lunes, 10 de enero de 2011

Capitulo 7

Me siento como si fuera yo misma de vuelta. Como si volviera el tiempo atrás, esos momentos en los que yo creí que eran felices, cuando tenia esperanza y fe en que todo cambiaria para bien, ¡por fin!. Después de tanto tiempo, después de tanto sufrimiento, pensé que me había tocado el turno de ser feliz. Pensé que la vida no tendría porqué ser tan injusta, y que todos tenían al final un poco de equidad en la vida.
  
   Ya no me duele pensar en ello; de hecho, no se si es puro masoquismo pero, me gusta pensar que soy lo suficientemente fuerte para soportarlo.
   Es por ello que sonrío de oreja a oreja. Porque me he dado cuenta de ello.
  
   Soy dueña de mi misma, ¡me siento bien!
  
   ─¿sabes? Yo tampoco me olvidé de ti. ─digo; pero cuando pronuncio mis palabras, no puedo evitar que se me escape naturalmente una mueca que afecta mi sonrisa.
  
   No me doy cuenta de lo que estoy haciendo, me he engañado a mi misma.
  
   Estoy montando todo un teatro para vengarme de él.
  
   Es más, estoy actuando como una estúpida.
  
   Me pongo seria, y luego sonrío como loca.
  
   ¿quiere decir otra razón mas para la lista?¿encima de que éste chico me halla roto el corazón, también me hace perder el juicio?
  
   Mis pensamientos no son coherentes, estoy confundida.
  
   La certeza de hace unos segundos se esfumó tan rápido como llegó.
  
   ─Eso quiere decir que existe una posibilidad de que… ─responde Ryan como quien no quiere la cosa.
   No, no quería decir eso. Quería refregarle en la cara todo.
  
   Pero… mi cabeza es un colador.
  
   Tic, Tac. Los minutos pasan.
  
   Creo que me quedé congelada con la sola idea de que él vuelva a ser parte de mi vida. O mas bien de no estar el 100% segura de querer decir no.
  
   ─De que… ─prosigue Ryan, seguramente por no parecer un tonto. La conversación acabó ahí mismo, en cuanto dejó su insinuación en el aire. ─…¿no me odies?.

   « ¡¿Qué?! » pienso para mis adentros.
  
   Mi cara se empieza a transformar en la pura incredulidad en persona.
  
   ¿Es eso lo que quería decir? O… yo interpreté las cosas erróneamente.
  
   ¡Oh! Caigo en la cuenta de que ese es él. De que cuando dice algo o hace algo que me deja fuera de lugar, lo compensa con algo estúpido o bromas; o en este caso, algo de una carga mucho mas ligera.
  
   Tengo que admitir que me siento mucho mejor, porque esa si es una pregunta que puedo contestar.No lo odio, por lo menos no ahora. Es decir, si estuve muy… pero… ¡Oh, Dios! ¡¿Qué me pasa?!
  
   No puedo seguir con esto, supongo que estoy entrando en shock, puesto que no lo hice en cuanto lo vi.
A lo mejor fueron sus palabras, que me dispararon el pulso hasta poderlo sentir por todos lados.

  
   Me rindo.
  
   Estoy en transe y no voy a poder contestar nada de lo que él diga ahora, pero ¿Qué hago? ¿Me voy sin mas? ¿Le explico cualquier mentira? O… ¿Le digo todo?.
  
   Pienso en esta ultima pregunta, y siento que me invade una rabia instantánea.
  
   El recuerdo no tarda en llegar.
  
   No me molesto en detenerlo, de hecho me separo de él, que estaba parado frente mi observando todo.
  
   Me siento en un banco, uno diferente con un árbol detrás que me podía servir de respaldo. Si lo hubiera visto antes, cuando llegué, lo hubiera elegido.
  
   Me siento y apoyo mi cabeza en árbol. No hace falta mirar para saber que Ryan ya estaba sentado al lado mío.
  
   No me molesta en absoluto, me da tiempo de procesarlo todo.
  
   Pienso en el día que fui al parque, con la esperanza de sacar todo de dentro mío. Como una fruta, cuando se pone en mal estado, se pudre sin pedir permiso. Y lleva consigo a las demás que la rodean. Todas se empiezan a pudrir.
  
   Eso es lo que tenia que evitar, pudrirme todo por dentro.
  
   Cuando terminé de gritar; me sentí mejor, no del todo pero mejor. Comprendo que, lo que necesitaba, lo que en verdad me haría sentir bien completamente, es habérselo dicho a él y no al aire.
  
   Desde aquel día en que Ryan decidió que ya no tendríamos que estar mas juntos, yo lo acepté; lo acepté porque no me quedaba otra, porque creía que era tonto e inútil siquiera suplicar.
  
   En definitiva, era de débiles.
  
   Yo no quería ser débil, lo que me llevó a callar.
  
   Nunca le dije a nadie lo mucho que dolió sentir que no era lo suficiente, que no estaba a la altura. Nunca pregunté mas nada, simplemente hice como si nada malo hubiera pasado. Yo sabia que era malo, pero no me di cuenta de ello hasta que llegué a casa y me topé con mi padre.
  
   ─No quise decir eso, ─comienzo titubeante haciendo referencia a su insinuación, de todos modos ya sabe a lo que me refiero. ─y… no puedes esperar a que esté lucida y perfecta después de haber desaparecido y hacerte aparecer, así, como si nada, bombardeándome con preguntas esperando que te las conteste. ─es mejor ser honesta. Después de todo voy a terminar mi rehabilitación.
  
   Voy echarle todo en cara, lo acabo de decidir.
  
   Echo un vistazo a su expresión, y se da cuenta que yo no voy a ir por su jueguito. Y todo rastro de felicidad y broma desaparece.
  
   Es obvio que se dio cuenta que no respondí no a la pregunta de si le odiaba.
  
   Es extraño.
  
   Puedo ver pasar todo por sus ojos, sin embargo su expresión sigue intacta: cauta.
  
   ─No te odio. ─le digo para tranquilizarlo, y funciona.
  
   ─Tú no entiendes. ─responde después de varios minutos pensándoselo.
  
   Levanto una ceja involuntariamente. Ahora lo que no entiendo es su respuesta.
  
   ─Si, y seguro que tú si lo comprendes todo. ─digo exasperada, lo que me sorprende porque pensé que ya me había calmado.
  
   Insolente, se me viene a la mente.
  
   El me bota como pañuelo descartable, ¿y yo no entiendo?, ¿Qué derecho tiene para reprochar algo, cuando él mismo me dejó?
  
   Lo miro a los ojos esperando una respuesta. Por lo que se levanta y se arrodilla ante mi tomándome las manos.
  
   Me incomoda porque no estaba preparada, y porque no quiero su contacto.
  
   Intento deshacerme de las de él. Pero las aprieta con obstinación.
  
   ─¡Lo lamento!, ¿si? Lo lamento. Soy idiota, ya lo sabes. ─estaba suplicando, no me lo puedo creer.
  
   Volvió a desequilibrarme. Había cambiado mucho, no solo físicamente.
  
   Ryan nunca, pero nunca me hubiera suplicado antes. Hubiera usado otra táctica conmigo pero nunca una suplica.
  
   No respondí porque no quiero hacer lo mismo que hace un rato.
  
   Definitivamente eran sus palabras las que me desacomodaban.
  
   No podía ignorar que estaba arrepentido, no se si de haberme dejado, pero si de haberme hecho sufrir.
  
   Bueno, ¿Qué más da? Le voy a dar mi discurso.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Capitulo 6

Me bajé en un lugar muy bonito, casas bien arregladas, y limpio. Sobre todo limpio. Había gente rondando por ahí, toda la composición daba una sensación de tranquilidad.

   Me bajé justo en frente de una plaza, porque ni modo que me bajara en un barrio donde no hubiera nada.

   Crucé la calle y me senté en un banco bajo un árbol grandísimo.

   No tenía mucho que hacer, por lo que me acomodé y me puse a observar a la gente, las casas, el lugar.

   Había una pequeña que me llamó la atención. Era muy bonita por cierto, vestía una camisita de flores y una falda mini de color negra. Me gustó su cabello, largo, castaño y lacio.

   Me dio envidia.

   Ella danzaba alrededor de su madre, sonreía y corría hacia los juegos -que no eran muchos, solo unas hamacas, y toboganes-. Aunque para los niños una botella vacía es el juguete mas divertido de todos.

   Lo que me gustó de ella fue su simpleza. Todo parecía caerle bien, cuando su madre decía algo y ella simplemente lo hacia, sin preguntar, quejarse ni nada.

   Vi a su madre mirar el reloj en su muñeca, y a continuación se alejaron a paso acelerado.

   Divagué con la mirada toda la plaza, no estaba atestada, pero no había tanta gente, lo cual me alegró. Eso era lo que daba el clima de calma.

   Encontré que una señora, de unos 40 y tantos años estaba en la misma situación que yo. Sentada, sin ninguna preocupación, mirando pasar el tiempo. Supongo que ella tenía derecho, cualquier problema que ella pudiera tener seria más importante que el mío.

   Hice una mueca, tanta gente con tantos problemas, y yo… que desperdicio.

   Se me vino en la mente el rostro de Liam. Seguro le molestó esto mismo que me acabo de dar cuenta.

   Siempre va a tener la razón.

   De repente mi mente recordó el sueño. El latido de mi corazón se aceleró y empecé a sentir un calor en el rostro.

   ¿Qué me pasa? Fue sólo un sueño.

   ─Hola ─mi corazón se detuvo, ¡Que cambio! Me quede congelada, era una voz que se me hizo familiar, sin embargo el susto me invadió.

   En un segundo el tiempo pasaba más lento que nunca, y ahora empieza a pasar volando.

   Estaba tan distraída que en ningún momento sentí acercarse a nadie, y me di un buen susto. La realidad es que, el susto proviene mas por el tono y la semejanza de voz a alguien, mas que el susto de pillarme desprevenida.

   No quería mirar, no importaba que me equivocara, y pasara vergüenza. Sólo no quería arriesgarme.

  Así que dirigí mi mirada a la hierba bajo mis pies, con un claro signo de terquedad en que no iba a mover esta postura.

   ─Mmm… ¿Estás bien? ─dijo.

   Dio un vuelco total, esto se convirtió en pesadilla. No podía equivocarme, no podía. Era su voz, un poco más grave y amplia, pero era su voz.

   Estaba aturdida, no lo podía creer, era imposible.

   Esto tendría que ser otro sueño, si, eso debe ser.

   Mi acompañante se puso frente a mí. Y yo no me moví ni un centímetro.

   Ya no podía centrar mi vista al suelo.

   Vi unas zapatillas deportivas de buena marca, un tanto escondidas bajo un pantalón baquero a medida. El pantalón tenia un detalle de desgaste al frente, y oscuro a los costados.

   Enfoque mi vista al movimiento, puesto que las rodillas poco a poco se empezaban a marcar en el pantalón.

   Esta persona se estaba poniendo en cuclillas para ver mi rostro.

   No podía hacer nada, ¿Qué iba a hacer? Estaba congelada. Además una parte de mi quería acabar con todo esto.

   Si, no me había equivocado. Era él.

   Ryan.

   Esta ahí, en persona, frente a mi, en cuclillas.

   Estaba cambiado. Sus ojos más rudos, y más amables a la vez. Sus facciones cambiaron totalmente, ya eran las de un hombre y no las de un chico. Su cabello, ¡OH! ¡Su cabello!

   Desapareció. Su cabeza estaba sólo cubierta por una fina capa de cabello castaño claro.

   ─Hola ─sonrió para darme ánimos. ─¿Estás bien? Pareces… desorbitada. ─agregó, probablemente no era la palabra que quiso decir, pero ya qué.

   ─No. ─logré por fin decir algo.

   ─¿No estás bien? ¿Qué tienes? ¿Qué te duele? ─dijo cambiando su rostro a preocupación.

   ─No, no ─estaba atontada, no podía darme a entender. ─No a vos, a tu persona

   No se si entendió, pero yo me levanté, recuperando mi movilidad, y caminé sin saber a donde ir, pero caminaba en paso firme como si lo supiera.

   ─¡Em! ─gritó a mis espaldas.

   Se me vinieron unas ganas de darme vuelta y decirle que no me llamara así. Pero no hizo falta. Sentí una mano fuerte en ambos brazos y giré bruscamente quedando frente a él.

   ─No hagas esto ─suplicó ─He estado hecho un idiota todo este tiempo, y todo es porque no estoy contigo. Te vi ahí sentada, y dije que el destino me envía a estar junto a ti. Ya te he visto otras veces, y en todas se me ha parado el corazón. Me dan ganas de volver el tiempo atrás, y haber tenido la inteligencia, madurez o como quieras llamarlo, para no dejarte. ─hizo una pausa. No se si esperando una respuesta o qué. ─Estoy arrepentido ─prosiguió.

   ─Suéltame ─dije seria. Pero cuando obedeció se me escapó una sonrisa grande y ancha.

   Él la tomó como felicidad por su vuelta, y sonrió también.

   ─Nunca deje de pensar en ti. Nunca te olvidé. Nunca dejé de amarte. ─Sentenció.

viernes, 10 de diciembre de 2010

                                                        No he encontrado nada mejor,... asique
                                                                          Les presento..
                                                                                Liam!

sábado, 4 de diciembre de 2010

Capitulo 5

Era la fiesta de alguien en la escuela que no recordaba su nombre, pero no importaba tampoco. Eso no era lo que importaba.
  
   La casa era elegante, todo de madera costosa, con ventanales por donde quiera que se vea. Había cuadros de muy buen gusto en los lugares exactos, todo encajaba perfectamente. También parecía todo muy delicado, me daba miedo moverme bruscamente y romper algo.
  
   Me encontraba rodeada de gente que en la vida había visto, sin embargo me resultaban conocidas.
  
   Estaba en la “barra” -creo que se le puede llamar así, después de tanto lujo, ¿Por qué esta gente no iba a tener su propia barra en su living?-, en mis manos tenia un vaso estrecho, pero alto, tenia una bebida alcohólica que me gustaba, supuse que era Sex on the Beach. Mire a mi costado y vi a Helen, mi mejor amiga, que estaba con la mirada perdida en la gente que se agrupaba para bailar.
  
   ─¿A quién le hechas el ojo? ─pregunté divertida por su expresión. Supuse que estaba imaginando cosas, como era su costumbre en cuanto veía alguien interesante.
  
   Ella sonrió ante mi pregunta, y seguramente porque había acertado.
  
   ─En la otra punta, ¿ves? Remera bien ajustadita a esa crueldad para mi,... bueno…-se detuvo para no seguir, yo me reí con ganas y ella prosiguió. ─jeans oscuros, moreno. Por favor, párame cuando quieras, ¿eh? ¿No te das cuenta que se me cae la baba?
  
   ─Si, si ─Dije entre risas. ─Disculpa, me perdí en tu descripción. Ya lo veo, no está nada mal.
  
   Me miró con una mirada seria, casi de perrito mojado.
 
    ─No puedo hacerlo sola, ¡ayúdame! ─Pidió
  
    ─¡¿qué?! No, no… pero… ¿qué quieres que haga? ¿Ir y decir, “hola, a mi amiga se le cae la baba por ti”? Estas loca. ─Declaré
  
   ─No, no seas tonta. Sólo quiero bailar con él, y lo demás queda para el destino. ─Se estaba molestando porque veía por si misma que no iba a hacer semejante ridiculez. Sin embargo, mientras ella hablaba, le pedí al cantinero más de lo que estaba tomando.
  
   ─Aquí tiene ─dijo con extremo interés, que no presté atención.
   
   Miré a mi amiga que tenia la cabeza gacha por mi rechazo.
  
   Bufé teatralmente para llamar su atención.
  
   Ella me observó atentamente con la esperanza en sus ojos castaños.
  
   Levanté ambas cejas como signo de que siguiera cada paso. Me llevé el vaso a la boca, y bebí hasta el fondo su contenido. Quedé un poco estúpida, pero en fin, crucé la habitación en dirección al “moreno” sin nombre, por ahora.
  
    Me hice la distraída y me detuve cerca de él.
  
   A continuación, hice lo primero que se me pasó por la mente.
  
    Lo miré intentando parecer que lo conocía, hasta que se fijó en mí.
  
   ─Yo te conozco ─dije extrañada de haberlo encontrado aquí.
  
   ─Mmm… No lo sé ─Dijo pensativo, intentando recordar mi persona.
  
   ─Bueno, en realidad no a mí. Pero si alguien especial. ─Decía lo primero que se me ocurría.
 
   ─¿Sos pariente de alguien que conozco?

   No sé porque, pero me quedé en blanco.
  
   ─Voy a empezar de nuevo ─respondí con una sonrisa tonta en los labios. ─Si te conozco, por supuesto, ¿cómo no conocer el hombre que le robó el corazón a mi mejor amiga? ─¡Que vergüenza!, me estaba poniendo en ridículo a mi misma, sentía como la sangre subía rápidamente a mis mejillas.
  
   El tipo estará pensando que estoy bien borracha. Lo peor de todo es que la entera situación me causaba risa, pero la contuve para no arruinarlo todo.
  
   Al comprender a qué me refería, sonrió.
  
   Al no obtener respuesta, me puse más roja todavía, hubiera parecido un tomate a los ojos del “moreno”.
  
   ─¡Vamos! ─reinicie la conversación, que no se porqué se había acabado incómodamente. Miré a donde mi amiga esperaba y moví la cabeza en señal para que viniera. ─Es una fiesta y hay que divertirse, ¿no? Además ella es preciosa. Me das las gracias luego. ─hice lugar para que Helen se incorporara entre nosotros.
  
   ─Hola ─dijo tímidamente Helen.
  
   ─Ella es Helen. Helen, el es… es… ─No me di cuenta que ni siquiera le pregunté su nombre. Era tan patética, que el “moreno” quiso salvar mi pobre intento de ser intermediaria-Cupido.
  
   ─Soy Derek ─respondió.
  
   Listo, mi trabajo terminó. Así que me retiré disimuladamente.
  
   Cuando me retiraba, volteé para dar media vuelta. Y me tropecé con alguien.
 
   ─Lo siento ─me apresuré a decir, y cuando levante la vista, era Liam.
  
   ─No hay problema, ─respondió sonriendo ─en tanto bailes conmigo.
  
   De repente me agarró con una mano la cintura, y la otra en el hombro. No pude escapar, por supuesto.
  
   Bailaba lento, totalmente descolocado a la música que tocaba, que por el contrario, era movida.
  
   ─Estás muy linda hoy ─dijo en tono seductor.
  
   La música cambió por completo y de repente estábamos bien a su compás.
  
   ─¿Qué estás diciendo? ─dije sonriendo por el cumplido.
  
   ─Podría decir muchas cosas sobre ti. Pero antes, me parece mejor hechos, que mil palabras

   Rodeó con ambos brazos mi cintura, lo que lo acercó mucho más a mí.
  
   Se fue acercando más y más a mí, hasta tener su rostro a escasos centímetros del mío, podía hasta sentir su calida respiración.
  
   ***  
   Desperté agitada, tirando las almohadas por cualquier lado.
  
   Suspiré.
  
   Nada tenia sentido, ¡por supuesto!

   Fue un sueño.   Hice una mueca ante el hecho, y fue doloroso. Sentí todo el lado izquierdo hinchado. Cierto, recordé lo de anoche.
  
   Salté de la cama, alcé las almohadas, para no tropezar, y me dirigí al espejo.
  
   Encontré la cara de una chica pálida, asustada y con la mirada en el pasado.
  
   Voy a cambiar eso.
  
   Hoy voy a planear un viaje, con destino desconocido.

   ***

   Miraba por la ventana del colectivo como el paisaje se iba poco a poco.

  
   El destino me enviaria al lugar que le apetezca.
  
   No me importaba tampoco, ya estaba conforme con solo alejarme de el hueco negro que es mi casa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Ashley

Emily

Ryan




Buscando al perfecto Liam!!

Capitulo 4

─¿De dónde venís?, ¿a dónde te crees que estas, te crees que vas a hacer lo que quieras acá? ─dijo elevando la voz cada vez que pronunciaba cada una de las palabras.

   Lo miré a la cara, y me dio vergüenza ser hija de ese que estaba ahí sentado, con ganas de buscar pleitos. Porque el muy sinvergüenza estaba ebrio.

   ─Ese no es tu problema─ respondí sin muchas ganas y dirigiéndome a mi habitación como si en realidad, el que estaba ahí hablándome, no era mi padre sino mas bien uno cualquiera.

   ─¡¿Qué no es mi problema?! ─creo que lo exasperé ─¡Entras y salís de esta casa como si fuera tuya, andando por ahí como si fueras dueña de tu propia vida! ─Rió irónicamente al decir las palabras “dueña de tu propia vida”. ─No tienes ni la mas minima idea de lo que eso significa, mal agradecida. Te doy un techo, comida y ¡esto es lo que me devuelves!.

   ─¡Tú! ¡ja! Vos no me diste ni la mitad de cosas de las que tengo. MI mamá es la que se preocupa por mi. ─Mi papá se iba poniendo más y más rabioso, se estaba levantando acercándose a mi, con esos ojos suyos ardiendo en ira. Y pues, para rematar la situación agregué. ─¡Es la única! Asíque no me vengas con eso del techo y la comida, porque tu única preocupación es juntar plata para gastártela en alcohol, ¡Borracho!

   Su cara de incredulidad era tan grande que me hizo pensar en lo que había dicho.

   Nos quedamos mirándonos las caras, como si fuera la competencia de ¿Quién se parece mas al perro rabioso?

   ─¡Ah! ─Exclamé.

   El muy desgraciado estampó su mano en mi cara.

   Sentí un entumecimiento en el lado izquierdo de mi cara. Y todavía no lo podía creer, me había dado un muy buen cachetazo.

   Lo miré y no había el menor atisbo de arrepentimiento. De hecho me miraba expectante para ver si me había hecho el daño que esperaba.

   ─Púdrete. ─dije muy calma.

   No iba a demostrar ni un poco de miedo ante él. Antes de dar la media vuelta, para encerrarme en mi habitación, pude ver la decisión en sus ojos de golpearme una vez mas.

   Supuse que se arrepintió porque al seguir camino a hasta mi puerta no sentí o escuche nada.

   Cerré con trabas la puerta para que nadie entrara.

   Lo primero que hice fue mirarme en el espejo, que tenia en mi escritorio, si tenia algo. La verdad que no se veía nada pero se sentía hinchado por dentro, y con ese sabor inconfundible a sangre, aunque no me había lastimado hasta ese punto, sin embargo el sabor estaba en mi boca.

   Estaba enojada, se suponía que no tendría que estar acá.

   Había tenido el día mas extraño de todos, empezando con el pie izquierdo. Liam no me iba a hablar más, de hecho ya se había conseguido “otra”.

   Estuve pensando cosas que no debía. Pero, aunque no lo crea, me sentía mejor. Me sentía renovada, y esto era debido al hecho de haber sacar todo eso dentro de mi que me estaba acabando. No voy a negar que me hubiera encantado decírselo a la cara. Ryan fue como el amor de mi vida, y no fui suficiente, por lo menos no lo suficiente para retenerlo. Había callado, guardado todos esos momentos para no olvidar ninguno, sin darme cuenta que fue peor. Tenia la esperanza de que volviera, porque ninguna lo podría amar tanto como yo, porque ninguna hubiera hecho por él tanto como yo.

   Me había cerrado por completo a toda idea de olvidar, y cuando quise olvidar, porque sabia que no iba a volver, no pude.

   Ahora, la tercera opción es, intentar vivir con ello.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Capitulo 3: Emily

Estaba frente a la puerta de mi casa, indecisa. No sabia si entrar, o simplemente irme a vagabundear como tantas veces había hecho.

   Pero puesto que ya estaba frente a la puerta de mi casa, decidí entrar.

   Me llamó la atención que la habitación del living estaba mas iluminada de lo usual. Como si todo estuviera mas claro y limpio. Las ventanas estaban abiertas de par en par, y sentí como una pequeña brisa entraba dando calma al lugar.

   Era extraño, y lo mas probable, era que siempre hubiese sido así, sólo que ni siquiera lo había notado antes.

   Seguí camino hasta llegar a mi habitación. Y con esta “nueva” percepción, pude darme cuenta que era un desastre. No porque estuviera sucia, o porque estuviera desordenada, sino mas bien porque metafóricamente estaba vacía. Con esa sensación que se siente cuando un pariente fallece, y para recordarlo se visita un lugar especial donde halla quedado su marca, pero al llegar al lugar, se siente vacío.

   Así se veía mi habitación, vacía.

   Me entristeció saber que estaba desapareciendo. Y que alguien mas estaba ocupando mi lugar.

   Me sentí una perdedora, una persona que estaba batallando sin darse cuenta y que claramente estaba perdiendo.

   Di un pequeño salto de susto al escuchar a mi hermano atrás mío, no sabia que estaba en casa, y si lo hubiera sabido, lo mismo me hubiera asustado, puesto que estaba ensimismada.

   ─¿Dónde está mamá? ─preguntó divertido al darse cuenta que me había asustado.

   ─No sé, ¿no te das cuenta que recién llego? ─Al ver su cara me hizo avergonzar de haberme asustado.
Sin decir nada mas, se encerró en su habitación.


   Tenia hasta las 18hs para hacer mis cosas, puesto que a las 18:30 llegaba el que se hacia llamar como padre.

   Tiré las cosas encima del escritorio, y me eché en la cama.

   Quisiera o no, los pensamientos iban a fluir en un momento o en otro, así que los deje fluir sin esforzarme siquiera en filtrarlos, y pensar en cosas que no fueran “malas”.   Hoy Ryan tenia que esperarme en el club. Mas temprano, por supuesto, así tendríamos tiempo para nosotros antes de que llegaran nuestros amigos.

   Llegué del colegio, e inmediatamente empecé a revolear ropa por acá y por allá, hasta encontrar la que me iba a poner esa tarde después de bañarme.

   Entre idas y vueltas ya eran las 18hs, asíque agarré un bolso que tenia a mano y salí apurada.

   Tenia que apurarme porque mi papá estaba saliendo mas temprano temporalmente, y para evitar problemas, entre los horarios que permanecía en casa, yo desaparecía.

   Caminaba a paso de trote, pero quería estar lejos ya a esas horas.

   Me faltaban un par de calles cuando me percate de que alguien me llamaba.

   ─¡Em! ─tenia voz agitada, como si estuviera corriendo desde varias calles anteriores.

   ─¡Emily! ─Me detuve porque reconocí la voz.

   Ryan.

   Al dar la media vuelta lo vi ya caminando, a unos metros de mi. Parecía molesto por haber corrido atrás mío. Pero no pude darle importancia, puesto que su expresión me daba risa.

   ─¡OH, mujer! Me has hecho correr… ─exclamó intentando regularizar su respiración.

   ─Lo siento, no te he escuchado. ─me disculpe sonriendo inocentemente.

   Ryan ya estaba frente mi, colocando sus manos en mi cintura. Suspiró y puso su frente contra la mía.

   Fue por un intervalo de tiempo muy corto, pero lo suficiente para ver en profundidad sus ojos.

   Entonces me di cuenta que no estaba de muy buen humor, y que su molestia por correr iba en serio.

   ─Pensé que ya estarías en el club ─dije extrañada, para justificarme, y para así cambiar de tema.

   ─Si, me estaba por volver, pues no he traído mi tarjeta. Pero luego te vi en la otra calle… ─se quedó callado, dejando en claro lo que había pasado ahora. Por lo que completé su frase.

   ─Me viste, y viniste a por mi. ─sonrió sin ganas.

   ─Ven, vamos a otro lugar.

   Me sentí idiota, porque… ¿Cómo pude creer semejante tontería? ¡Todo estaba planeado! El muy descarado no veía la hora de deshacerse de mi, ¿Quién le hubiere creído todas sus mentiras? Ni el mismo se creía toda la porquería que me había echado en cara.

   Estaba tan molesta, que me levanté de un salto, y salí de mi casa en busca de un lugar. Un lugar que no me haría sentir mejor, pero si me haría creer que podía cambiar algo.

   Mientras corría sentía como el aire me golpeaba en la cara, como mi cabello bailaba al aire, como mis músculos se calentaban.

   Todas eran sensaciones que hacia tiempo no notaba, que estaban allí, pero que no les prestaba atención.
Entré al parque bajando la velocidad. No había gente, por varias razones, porque era día de semana, y porque ya nadie tiene tiempo para cosas al aire libre. Todo había cambiado mucho, ahora la gente se sentaba frente a una pantalla y pasaba horas, sin siquiera notar la falta de aire fresco o un poco de luz.


   Para mi era mejor, tenia todo el lugar para mi sola y para hacer lo que iba a hacer sin interrupciones o miradas extrañas.

   Mis piernas me llevaron hasta el mirador, como esperando ese momento desde hace años. Me aferré a la baranda que separaba el vacío de la tierra debajo de mis pies.

   Y grité. Le escupí al mundo todo lo que tenia que decir. Todo lo que me había guardado durante tanto tiempo. Todo lo que me estaba pudriendo el alma.

   Maldije a esa persona que me había hecho sufrir tanto.

   Y lloré. Lloré años de dolor guardado.

   Trastabillando por el parque intentando escapar, di con un pequeño lugar lleno de árboles. Podía haber alguna persona ahí, y nadie lo hubiera notado, ya que eran árboles sauces, y por el tamaño, muy viejos.

   Quedé encantada con el lugar, olvidando esas ganas de escapar.

   Me adentre a los árboles y descubrí bancos para que la gente se sentara, pero supe que nadie iba a ir allí, puesto que para estas personas seria molesto que le caigan en la cara ramas de árboles. Mientras que a mi me encantaba, era como mi escondite perfecto.

   Tenia que admitir que a la hora en que empieza a anochecer parecía un poco tenebroso, pero estaba totalmente segura que, de día o completamente a la luz de las estrellas seria de lo mas hermoso.

   Se me fueron todos los pensamientos turbios, y por un momento olvidé lo infeliz que era.

   Se sentía muy bien.

   La paz dura poco, volví a la realidad y ya era tarde. Por lo menos tarde para llegar a la hora que usualmente llego a casa. Así que me fui despidiendo de mi nuevo lugar escondite, si es que se podía llamar así.

   Estaba tranquila, realmente lo que necesitaba era eso, descargarme. Sin embargo no lo arreglaba todo.

   La vida, el mundo y el tiempo no se habían detenido a esperarme que yo mejorara, porque yo creía que no iba a mejorar. Pero acá estaba, viviendo.

   Luchando.

  Luchando contra aquellos humanos que nos arruinan momentos. Nosotros mismos nos arruinamos. Nosotros mismos destruimos todo a nuestro paso.

   Era cierto, yo dejé destruirme. Pero no me arrepiento de eso, no me arrepiento porque de no haberme dejado destruir nunca hubiera sabido lo que es amor, y lo que es vida.
  

    Estaba en frente de la puerta de mi casa, exactamente igual como hace un par de horas.
 

   Solamente que esta vez estaba mejor. Entré y lo encontré a mi hermano usando la computadora, me miró sin preocupaciones. Le devolví la mirada como queriendo decirle algo, pero no tenia nada que decir. Y el solo se limitó a volver la vista a la pantalla que tenia en frente.

   Seguí hasta el comedor, en el cual estaba mi “papá” sentado mirando la nada. Hasta que aparecí en su visión.

   Había tomado de mas. Y claro, yo era la basura de la familia.